El texto de Bertrand Russell[1], sobre la Vaguedad[2], nos dice que “es mucho más fácil interpretar los símbolos (comúnmente palabras) que interpretar lo que ellos representan”[3]
En nuestra cotidianidad estamos enfrentados a esta realidad; de encontrarnos con palabras y muchas veces hasta con frases, que se engloban en una inexactitud, que no necesariamente representan la realidad.
Hay una realidad en la que, de suyo “las cosas son lo que son y eso es todo”[4], pero en la representación cognoscitiva, se da una dinámica diferente, en la que aparece peculiaridades que nos obliga a matizar; ya que cuantas más características tenga un término, más preciso será la conexión con la realidad.
La riqueza del lenguaje, nos permite variabilidad en los matices, los mismos que nos pueden servir de mucha ayuda, a la hora de precisar con cierto rigor de exactitud; dejándonos al descubierto que las palabras no son completamente uniformes; y es está, multiplicidad de aspectos los que se dan, como principal fuente de vaguedad.
“Una definición es vaga cuando la relación entre el sistema representativo y el sistema representado no es biunívoca sino multívoca”[5]. Esta singularidad la vivimos muy cotidianamente. Es así; que en mi ciudad llamada“Loja, la ciudad Castellana del Ecuador”, hay términos que el coloquio ordinario, no representan la misma realidad, no por que varíe la realidad, sino, la interpretación de la misma.
Tal es el caso de que cuando uno pide una información de un lugar, siempre esta información está acompañada de la palabra “cerca”,pero ese palabra no necesariamente nos indica que para llegar un lugar deseado la distancia sea próxima a nosotros, sino que ya esta en camino por lo cual llegará bien. Es decir cerca corresponde también al hecho de ponerse en marcha, de querer ir al lugar no simplemente de medidas y distancia.
Muy a menudo pasa que cuando llega un turista a Loja, y tiene un guía del lugar este siempre, a la pregunta, si falta mucho para llegar a un lugar determinado que se esté yendo, la respuesta será: “ya estamos cerca”, aunque la distancia todavía este lejos, pero si se está en dirección correcta se está “cerca”,no por la proximidad, sino por que se llegará. La única forma de saber si realmente se llegará pronto es cuando a la palabra “cerca”, se le aumenta el diminutivo “ita”, entonces si puedo tener cierta certeza de que la distancia es muy corta, pues la palabra “cerquita” connota cercanía al lugar donde se está.
El lenguaje sin lugar a dudas trae consigo esta realidad que sin querer caer en un relativismo, la vaguedad es solo “una cuestión de grado, depende de la extensión de las posibles diferencias entre los diversos sistemas representados por la misma representación.”[6]
La exactitud, depende de que se vaya especificando poco a poco, pues de lo contrario se dan muchas variables a tener en cuenta a la hora de interpretar. Por ejemplo en mi pueblo la palabra “sí”, no siempre es un afirmación en la que se está, queriendo decir que estoy de acuerdo, con algo, pues depende del contexto, pero también de lo que acompaña a ese “sí”.
Frente a una invitación, nunca nadie en Loja le dirá que no, pues eso tiene connotación de falta de educación[7], así que la respuesta siempre será “sí”, pero esta, está cohesionada a otras variantes como: “si puedo”; “si me dejan”; “si me acuerdo” “si alcanzo a llegar” “si tal vez”; “si me lo permiten”; “si logro quien me remplace”; entre otras. Por lo que, en la medida de lo posible, el solo si; no basta para tener una certeza de la presencia de esa persona en tal o cual acto.
Esta forma natural, en que cultura, tradición, lenguaje se mezclan y por la que el lenguaje asume esas peculiaridades, dan como consecuencia el que, no se puede creer, que lo que se dice en rigor, necesariamente represente a la realidad. Sino más bien que se necesita siempre intentar, que el lenguaje, sea matizado, para lograr de cierta manera, tener precisión, y en lo posible librarse de esa vaguedad del lenguaje.
[1] Bertrand Russell (1872 -1970) nace en Trelleck (Gales). Premio Nobel de Literatura (1950)
[2] Russell, B. Antropología Semántica, Traducción de E. Arias y L. Fornasari, revisado por Mario Bunge, Editorial Nueva Visión, Buenos Aires, 1960
[3] Ibíd. pág. 14
[4] Ibíd. pág., 15
[5] Ibíd. pág. 21
[6] Ibíd.
[7] El ser“culto” (tener una buena educación) en Loja no solo es una cuestión de principios sino de relaciones sociales que exigen etiquetas y maneras de comportamiento que necesariamente deben adornar a un digno representante de Loja.
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